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Con nombre propio

 

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Con nombre propio

 

En mi instituto faltan nueve profesores. Nueve profesionales de los que parte se suman a los más de tres mil interinos que ya no tienen trabajo y, otra parte, a los más de mil funcionarios con plaza a los que nadie les ha asignado aún un destino. A cambio, la Consejería nos promete a quienes sí nos quedaremos alguna que otra (humillante) limosna -supongo que con intenciones de acallar una voz que es cada día más fuerte- como los 75 euros mensuales con los que, dicen, remunerarán las tutorías.

No deja de ser irónico que, tras acusarnos de irresponsables, insolidarios y egoístas, ahora pretendan solucionar el conflicto a base de dinero, ignorando que no estamos peleando por ello, sino por la dignidad y la calidad de la enseñanza pública. Una dignidad que, por supuesto, necesita tanto de esos insustituibles profesionales como de las tutorías, dejadas al libre albedrío de los centros en un ejercicio de absoluta irresponsabilidad educativa (¿cómo se puede desproteger a los alumnos y a sus familias de esa manera?), tutorías cuya supresión resulta incomprensible -no supone ahorro alguno- y que exigen una implicación muy difícil de recompensar económicamente, por mucho que ciertas voces -véase a la ínclita pensadora de las peras y las manzanas- se sumen al discurso de lo vagos que somos los docentes.

Quizá porque los recortes de este año, además de salvajes, tienen nombre propio en todos los centros; quizá porque los padres y los alumnos se han sumado a nosotros e incluso han tomado, en algunos casos, la iniciativa; o, quizá porque lo que nos estamos jugando va más allá de una simple reivindicación gremial, ayer -en la asamblea que se celebró en mi instituto- no fue difícil ponernos de acuerdo. Todos sentíamos de la misma manera. Todos respirábamos la misma rabia y, al mismo tiempo, idéntica ilusión. Porque lo hermoso de este movimiento -por algo lo hemos teñido de verde- es que no luchamos desde el derrotismo, sino desde la fe en la enseñanza, en la educación, en la escuela pública. Y si hay algo que tenemos claro es que la educación pública no solo es el recurso -imprescindible y necesario- para que toda familia pueda dar a sus hijos una buena educación, sino que la educación pública ha de ser -de nuevo: porque hubo un momento en que lo fue- la mejor de las educaciones posibles.

En ese sentido, le agradezco muchísimo a la Consejera de Educación, a nuestra Presidenta y hasta a la autora del símil LGTB-frutal, que hayan levantado en armas a padres, alumnos y docentes, porque con ello han conseguido despertar la (necesaria y, a veces, olvidada) autocrítica, así como las ganas de renovación de mi colectivo, hoy dispuesto a que la educación vuelva a ocupar un lugar importante en la sociedad, recuperando para ello la cohesión entre familias y profesores. La campaña de desprestigio de la Comunidad de Madrid ha sido tan torpe y falaz que cada nueva palabra ha contribuido, aún más, a que creciera esa marea verde que esta tarde llenará la concentración en Alcalá 32.

Una marea verde donde todos llevaremos con nosotros un sinfín de nombres propios que le dan sentido a esta lucha: nombres de profesores interinos que no tienen trabajo este año, nombres de profesores funcionarios que siguen esperando un lugar de destino y, cómo no, nombres de todos los alumnos que sabemos que se verán perjudicados por esta sinrazón, por este recorte salvaje, por este ataque contra el que ha de ser pilar de toda sociedad democrática. Por ellos, por esos alumnos -que, como ya escribí en La edad de la ira, son la única fe inamovible que tengo dentro de este sistema- iremos hoy a esa concentración. Y por ellos, también, perderemos días de sueldo en las huelgas, y llenaremos Madrid de acciones de protesta, y -si hace falta- volveremos a levantar adoquines para comprobar si quedan rastros de aquel -hoy tan lejano- mar.

Y, en el proceso, no crean que nos conformaremos con un canto victimista, ni con un autohomenaje compasivo, sino que haremos autocrítica de aquello que podamos mejorar, de todo lo que nos haga más fuertes, más creíbles, más presentes y, sobre todo, más visibles. En esta crisis -en este ataque contra lo público- el trabajo codo con codo entre docentes, padres y alumnos permitirá ese autoanálisis y, más aún, hará que todos recuperemos el lugar que merecemos en la escuela pública, uniendo -con fuerza- a la comunidad educativa. De modo que los centros renueven sus energías y que el verde de esta marea sirva no solo para oponerse a quienes pretenden desmantelarnos, sino también para fortalecer los principios que nos sostienen.

Ayer, al mirar la unanimidad del claustro de mi centro (compuesto -como en cualquier otro instituto público- por profesores de todo tipo de partidos e ideologías), me sentí orgulloso de formar parte de ellos. De los más veteranos, que hicieron un análisis duro y claro de cómo ha sido el deterioro educativo en las últimas décadas. De los más jóvenes, cargados de razones e ideas para cambiarlo todo (o, al menos, para intentarlo). De todos los compañeros que, ayer, se convirtieron en una sola voz, en un sinfín de propuestas, en una mirada triste cuando los nombres -de colegas y alumnos- vienen a nuestra mente, pero también ilusionada cuando la acción -verde y rotunda- se alza como instrumento y como defensa.

Esta tarde, en la concentración, pensaré en esos nombres. En J., un estudiante de 3ºESO que este año ya no tendrá profesor alguno de compensatoria que le sirva de apoyo. En T., una interina excelente que ayudó a ciertos alumnos en un grave problema tutorial. En M., un alumno que me marcó y con quien aprendí lo importante -y lo compleja- que es la labor tutorial. O en R., que tras años de interinidad sacó su oposición y, sin embargo, este año no tiene centro en el que trabajar. Y así, en cada lema, pensaré en un rostro. En una identidad. Porque los 80 millones que se han recortado en la pública -frente a los 600 millones que la Comunidad madrileña ha invertido estos dos años en autopublicidad- se traducen en profesionales en el paro, docentes sin medios y alumnos sin futuro. Un futuro por el que lucharemos, con todas nuestras fuerzas en esta marea verde por la educación pública. Porque les pertenece.

Categorías:Movilizaciones
  1. Mónica
    septiembre 7, 2011 de 5:32 pm

    Hola, en Meco estamos sufriendo el acoso de Aguirre contra la enseñanza pública de calidad en la Escuela Infantil Platero. Estamos movilizándonos desde el mes de mayo, os dejo nuestro blog para que podáis informaros.
    http://familiasyamigosdeplatero.blogspot.com/
    Gracias y ánimo!

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