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Sobredosis de realidad

 

Otro artículo excelente de Valles y cumbres:

http://vallesycumbres.blogspot.com.es/2012/10/sobredosis-de-realidad.html

Sobredosis de realidad

Esta semana he sido nombrada en un colegio de una ciudad dormitorio de los alrededores de Madrid. Está en medio de una maraña de calles del barrio antiguo donde se encuentran los pisos más viejos y de alquiler más barato, en una zona famosa por el constante menudeo de droga que se detecta. El alumnado del centro es mayoritariamente inmigrante y procede de familias de bajo nivel económico y cultural, justo la capa de la sociedad que más está sufriendo en los últimos tiempos.
Tras pasar por la Dirección de Área Territorial (“vaya… lo siento por ti” o “¿preparada para la guerra?” fueron los comentarios más alentadores tras recibir el destino), llegué al centro y me asignaron una tutoría de 4º de Primaria: venía a ocupar la baja por maternidad de la titular, ausente desde hacía ya dos semanas. En todo ese tiempo, las clases habían sido impartidas por un carrusel de profesores de guardia que sustituían sesión a sesión con más intención que buenos resultados (imaginad cualquier puesto de trabajo, por rutinario que sea, ocupado cada hora de cada turno por una persona diferente y sabréis de lo que hablo). Por tanto, podríamos decir que tras casi un mes de clase, los alumnos aún no habían empezado el curso.
En mi grupo hay 26 alumnos, de los que un pequeño porcentaje son españoles (y entre ellos, alguno de de etnia gitana). El resto de nacionalidades es muy pintoresco: desde la mayoría absoluta marroquí pasando por la ecuatoriana, dominicana, guineana, ucraniana o incluso la pakistaní. Alrededor de un tercio del grupo está en el programa de Educación Compensatoria, varios casos de necesidades educativas especiales, un gran número de procesos de intervención social, 2 recién llegados de sus países de origen (uno de nivel 0, es decir, apenas conoce cuatro palabras en castellano) y 3 repetidores. En el momento de incorporarme, 16 niños de los 26 totales no tenían libros y de ellos solo unos pocos privilegiados traían cuadernos, bolígrafos o sacapuntas. Aún no puedo afirmarlo, pero puede que alrededor de la mitad provenga de familias desestructuradas.
La secretaria del colegio gestionó el “programa de préstamo de libros de la Comunidad” (sustitución de las tradicionales becas de libros y material) tras una avalancha de solicitudes cuya baremación le llevó varios días de trabajo en exclusividad. Cuando fui a pedirle material, me enseñó la razón por la que a diario salía hora y media más tarde de su horario (no dispone de auxiliar administrativo y la jefa de estudios está de baja por enfermedad, que no será cubierta porque es menor de 15 días): la montaña de documentos de su mesa era espectacular. Tras comprobar que las familias cumplían con los requisitos y condiciones marcados por un Consejo Escolar convocado a toda prisa, 12 de mis alumnos recibieron los libros de Lengua, Mate, Conocimiento del Medio e Inglés. El préstamo no cubre todos y, aunque menos da una piedra, el problema del material (cuadernos, cuartillas, folios, lapiceros, gomas, pinturas, etc.) sigue sin resolverse.
Pudimos empezar a trabajar con los libros de texto al tercer día de mi llegada, aunque 4 alumnos debían compartirlo con otros compañeros. En la primera página los niños ya desconocían el significado de hasta 9 palabras (aquí no cuento a los alumnos de Compensatoria, con un déficit de vocabulario y de comprensión aún mayor). Al preguntar a otro profesor por esta situación, me respondió que el curso pasado se aprobó en Claustro el cambio a esta editorial por sus vistosos contenidos de pizarra digital… que, por cierto, solo utilizamos un puñado de docentes. He decidido desechar el libro por ineficaz: ¿para qué quiero usar un recurso que no se adecua a sus necesidades?
Forges
Como este curso han eliminado cupos de profesores en casi todos los centros de Primaria, además de mi tutoría debo impartir clase a otros grupos. En total, de las 25 horas lectivas tengo ocupadas 24 en docencia directa y una en la coordinación de un proyecto propio del centro. Al parecer, este colegio contaba el curso pasado con 6 programas didácticos y sociales  (música, matemáticas, comunicación familiar, etc.) pero por los recortes han tenido que reducirlos a 2 que sobreviven testimonialmente. En el Claustro de ayer se repartieron los horarios oficiales, aún abiertos porque todavía, bien entrado  octubre, no han enviado todos los recursos que corresponden al centro (medio profesor de Audición y Lenguaje y otro medio de Pedagogía Terapéutica).
De mi clase, solo un alumno acude al comedor. Con la eliminación de las becas de la Comunidad solo se quedan a comer unos 20 alumnos en total: en el mismo Claustro informaron que la empresa ha despedido a 3 monitoras y ya ha anunciado que el curso que viene retirarán la oferta al colegio si no cambia el panorama, por lo que es probable que el centro se quede sin comedor. Además, veo que más de la mitad de los chicos de mi clase no traen ningún almuerzo para la hora del recreo, y sospecho que algunos no disponen ni de una comida equilibrada diaria en sus casas.
Ahora tengo un fin de semana por delante para diseñar unas 24 sesiones con unos 5 grupos de nivel diferentes (el grueso del grupo con vocabulario de 3º por un lado, compensatoria por otro, individualmente los de necesidades especiales, el de “nivel 0”, planes de trabajo específicos para los repetidores, textos “de mi cosecha” para todos…). Como las horas de obligada permanencia en el centro están destinadas sobre todo a reuniones (claustros, ciclo, comisiones, entrevistas con el equipo de orientación, con las familias, seminario de formación y un larguísimo etcétera), esta tarea debo diseñarla en casa. Es obvio que yo sola no podré sacar adelante como se merece cada uno de los 26 alumnos de la clase, pero daré lo mejor de mí para que las diferencias no se agranden demasiado. Y al hacerlo, inevitablemente pienso en estos niños, su situación actual y el futuro que les espera: están socialmente predestinados a seguir en estas condiciones y el sistema educativo no les ayuda, han sido “amontonados” en un gueto al que le van quitando los pocos recursos que tiene para luchar contra sus carencias, y ya a final de curso empezarán a enfrentarse con el resto vía “reválidas” de la Comunidad (la prueba de Diagnóstico, en 4º) en ¿igualdad de condiciones? con el resto de alumnos madrileños.

He de decir que el ambiente de trabajo es genial, el equipo directivo es cercano y ayuda en lo que puede, los niños son muy cariñosos y los padres (los que se preocupan, que sinceramente no son muchos) por regla general se muestran comprensivos y agradecidos. Apenas hay conflictividad, incluso por debajo de otros muchos colegios de otras zonas menos empobrecidas (al contrario de lo que me advertían en la administración). Lo peor es que los edificios son muy viejos y apenas hay mantenimiento. La Asociación de Padres parece muy activa y comprometida, y organiza muchas actividades. Creo que es un buen centro para trabajar aunque por sus características demanda mucho esfuerzo e implicación porque estos niños lo necesitan de verdad. Siendo muy malpensada, he dudado si será esto último lo que haya creado esa fama de “colegio de lista negra” en la propia administración…

Esta es una parte de la Educación Pública madrileña, y según mi opinión debería ser prioritaria para los responsables educativos: una sociedad moderna tendría luchar contra las desigualdades y ofrecer alternativas y ayuda a quien menos tiene, condenados de por vida solo por el caprichoso azar de haber nacido en una familia humilde. ¿Acaso no se merecen una oportunidad para salir de esa situación? Es triste pensar que si cualquier alto cargo de la Consejería se paseara por aquí (hecho muy improbable: podría tropezar con las baldosas sueltas o enredarse con los cables que cuelgan, y eso no queda bien en la foto), estoy convencida de que moriría de sobredosis de realidad: este colegio nunca podrá rivalizar con otros centros en las reválidas, y los niños tienen pocas posibilidades de convertirse en consejeros delegados de Iberdrola. Con la nueva LOMCE, su futuro es aún más negro: menos becas, menos recursos, más “selección natural”, más calidad para familias que puedan pagar educación privada (precisamente aquí no hay de eso), menos Educación Compensatoria (un tercio, ¡un tercio! de mi clase sin apoyo: al terminar Primaria ni siquiera sabrán leer, escribir, multiplicar o dividir aceptablemente), menos motivación del profesorado (bajada de sueldos, eliminación de pagas, obstaculización del trabajo, recorte de personal, aumento de ratios, despido de compañeros, traslados forzosos… ¿cómo quieren que trabajemos más si ya no damos abasto?), y si seguimos aparcados en la pasividad, lo peor estará por venir.
Cuando personajes como José Ignacio Wert acusa a las familias de no querer pagar por la Educación llenándose la boca con palabras como calidad o competitividad, cuando Lucía Figar sigue concertando colegios de élite para regalar el dinero de la Educación Pública a las órdenes religiosas, cuando despiden a mis compañeros docentes para contratar a dedo ejércitos de asesores, cuando le quitan una beca de material de 90 € a un niño porque “no hay otro remedio” mientras los diputados cobran dietas de alojamiento y van en primera clase, cuando el presupuesto de Educación Compensatoria baja más del 80% (¿os imagináis este colegio sin profesores de apoyo?) a la vez que aumentan los altos cargos (y sus sueldos), cuando me penalizan con el 50% de mi sueldo si me pongo enferma al mismo tiempo que las comidas y las copas en la Asamblea de Madrid están subvencionadas con mis impuestos, pienso en mis alumnos y la “suerte” que han tenido de caer en un entorno injusto de una sociedad incivilizadamente injusta, y por un momento imagino cómo sería mi vida y mi futuro si yo hubiera nacido en el barrio donde doy clase. Con esa misma empatía, aprieto el puño de rabia al ver cómo la Educación de calidad será un privilegio para los ricos mientras que a los pobres ya les van enseñando el camino: acaba en un piso viejo de alquiler barato, de un barrio famoso por el trapicheo de droga de la periferia de Madrid.
Una compañera del Colectivo “Valles y cumbres”
PD: para completar esta radiografía a la realidad, recomendamos echar un vistazo a “Callejón sin salida” de Apuntes de un profe de Lite y Lengua.
Categorías:IMPRESCINDIBLES
  1. manuel de puelles benitez
    octubre 9, 2012 en 9:08 am

    Debería mandarse este artículo directamente al ministro Wert y a la Conbsejera de Educación de Madrid. Manuel de Puelles

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