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Lucía Figar y el negocio de ‘pastorear’ bebés

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Excelente artículo, lectura obligatoria:

http://www.elboletin.com/smartphone2/index.php?name=opinion&noticia=97680

La demolición sistemática de la educación pública realizada por los Gobiernos del PP en la Comunidad de Madrid continúa. Se trata de un proceso perfectamente diseñado, cuya puesta en práctica, dirige desde hace tiempo la actual consejera del ramo Lucía Figar, que ya ocupaba este cargo en los últimos gobiernos de Esperanza Aguirre y que continuó con el actual presidente, Ignacio González.

Y ¿qué es lo que pretende hacer con la educación madrileña? Sobre ese asunto no hay demasiadas dudas. Se propone financiar con dinero público el negocio de las empresas privadas del sector. Con un ‘plus’ añadido para aquellas que estén relacionadas con organizaciones supranacionales de carácter católico como Comunión y Liberación (CL), por ejemplo, exclusivo ‘club’ con el que mantiene relaciones desde hace tiempo.

Si algo hay que reconocerle a esta mujer es que nunca ha ocultado sus cartas. Figar es una dirigente popular, cercana a José María Aznar, que pertenecía a aquel Club de Becerril, selecto grupo en el que se integraron los ‘cachorros’ más beligerantes del PP triunfal de finales del pasado siglo. Y comparte con ellos el ‘amor’ por introducir la ‘gestión privada’ en el ámbito de lo público, de tal modo que los beneficiarios de las concesiones consigan beneficios gracias a los impuestos que pagan los ciudadanos.

La consejera ha presumido de ello, y de sus logros en ese sentido, en muchos foros públicos. Sin ir más lejos, por la Red circula un video, al que se puede acceder fácilmente, de una intervención de Figar en un ‘cónclave’ de CL celebrado en la ciudad de Rimini en agosto de 2010. Merece la pena verlo. Allí explica con todo lujo de detalles el plan ante una audiencia ‘encantada’ que premia sus esfuerzos con varias ovaciones. Entre otras cosas, porque reveló que había ofrecido gratuitamente lugares públicos a cooperativas y centros religiosos para que llevaran a cabo sus proyectos educativos, contando, además, con financiación pública para hacerlo. Ahí es nada.

Para facilitar el negocio a los suyos, el Gobierno de Madrid ha llevado a cabo muchos desmanes. Por ejemplo, convertir en imposible la realización de cualquier tarea educativa en el entorno de los niños de cero a tres años. Para los bebés, Figar y su equipo, sólo quieren que existan centros dedicados a la cobertura asistencial. Aparcaderos de niños y niñas que permitan a sus padres que alguien cuide de su prole mientras trabajan.

Nada que ver con las fórmulas vigentes para este segmento en los países mejor colocados en el Informe Pisa, y de los que se supone que deberíamos aprender. Por eso, por ejemplo, han aumentado las ratios de niños por aula hasta cifras peligrosas para la propia integridad de los infantes.

También han cambiado las condiciones para renovar las concesiones de centros públicos ya adjudicados. Ahora, la parte económica del proyecto supone un 60%, mientras que los planes educativos sólo pesan un 40%. Un buen modo de que algunas cooperativas con prestigio en el sector, como la que gestiona la escuela infantil ‘Las Nubes’, puedan ser sustituidas por empresas más baratas, incluso sin experiencia alguna. Aunque el ‘ahorro’ se produzca a costa de la educación de los niños y niñas. Una curiosa introducción de la filosofía del ‘low cost’ en un ámbito en el que debería estar prohibida.

A veces, los beneficiarios de esta política son ‘empresas contenedor’, pertenecientes a ‘holdings’ ligados a grandes compañías, que se crearon exclusivamente para aprovechar estas concesiones. Contratas y subcontratas que lo mismo pueden encargarse de limpiar un hospital, que de cuidar unos jardines o de ‘pastorear’ bebés por un módico precio. Tan módico como los sueldos que pagarán a sus trabajadores para conseguir el correspondiente beneficio y, a la vez, asegurar un ‘ahorro’ sustancial al gestor público de turno.

El hecho de que haya algunas diferencias entre recortar un seto y educar a un niño no parece tener mucho peso en la Consejería de Educación. Hasta tal punto que, en paralelo, Figar y su equipo han iniciado otro movimiento que parece ir en la misma línea. Quiere añadir una disposición a los contratos de algunos interinos que trabajan en las escuelas infantiles y cuya permanencia en las plazas están ligadas a la convocatoria de una oposición.

Como no parece tener intención de convocarla, se trata de que los afectados avalen con su firma un cambio en la naturaleza de su relación laboral con la Comunidad de Madrid. La mutación permitiría incluir estos puestos en los concursos de traslados. Un buen modo de allanar el camino hacia unos posibles despidos.

Hace tiempo que la Comunidad subió las cuotas de los centros públicos de educación infantil. Ahora puede resultar más barato que los niños y niñas vayan a escuelas privadas. Todo gracias al cheque que se entrega a los padres para financiar la mensualidad. Esto se hace con la coartada de ampliar la libertad de los progenitores para que elijan el tipo de educación que reciben sus hijos. Prodigioso, ¿verdad?

Es obvio que Figar se mantiene fiel a sus propósitos y que, en ningún momento, ha dejado de dar pasos en dirección a su objetivo. Y, aunque, en ocasiones, sus desmanes hayan ocupado espacio en los medios de comunicación y su estrategia haya sido descubierta, desde que el PP llegó al Gobierno central, ha tenido la suerte de poder mantenerse fuera de foco, porque el ministro José Ignacio Wert, le ha robado mucho plano con su ‘infumable’ Ley de Educación, los recortes en las becas o sus enfrentamientos con los rectores de las universidades públicas y los estudiantes, entre otros.

Así que Wert nos lo ha puesto difícil y, sin embargo, a los madrileños no les conviene en absoluto apartar los ojos de su consejera de Educación. Sobre todo ahora que las encuestas resultan bastante hostiles para un PP que puede verse obligado a abandonar o compartir el poder absoluto que ha ejercido en esta comunidad durante más de dos décadas. Figar sabe que tiene que acelerar, darle un ritmo más vivo a su gestión para dejar en las manos correctas todo aquello que pretende transferir.

El fracaso del proyecto de privatización de hospitales también pesa. Algunas de las ‘mejores piezas’ abatidas que iban a entregarse a las empresas privadas se han salvado inesperadamente. Con lo que otros negocios, menos rentables, como estos de los que hemos hablado aquí son ahora más interesantes de lo que eran. Y hay que dejar contratos firmados para que no sea fácil que un cambio político pueda deshacer la madeja de intereses creados que ha urdido tan primorosamente esta laboriosa consejera.

Por eso conviene apoyar la movilización de los colectivos profesionales afectados y contribuir a que las ‘mareas ciudadanas’ de todos los colores que se han enfrentado con éxito al clan de Aguirre en los últimos tiempos sigan movilizadas y dispuestas para la batalla. Todavía queda casi un año para las próximas elecciones municipales y autonómica. Y en 365 días, una consejera tan aplicada como Figar puede hacer mucho daño, sobre todo si actúa discretamente. Más vale que la presión no ceda para no arrepentirse después.

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