Archivo

Archive for octubre 19, 2012

Educación franquista

 

De obligada lectura:

http://www.elconfidencial.com/opinion/a-quemarropa/2012/10/19/educacion-franquista-10053/

“Los padres obligando a sus hijos a hacer huelga… ¡Por dios! ¡Dónde se ha visto eso! Eso no es ser padre, eso es una aberración”, afirma en un programa de televisión el tertuliano Antonio Pérez Henares, sin despeinarse el bigote. Su colegaRamón Pérez Maura, adjunto al director de ABC, dice que lo intolerable “es que siga existiendo una clase educativa que se niega a esforzarse para labrarse un futuro”, y presume de que, cuando él estudiaba, estaba en clase con más de 40 compañeros y no le ha ido tan mal en la vida. Marhuenda, el director de La Razón que señaló en la portada de su periódico con caras y nombres a “los malos estudiantes” que “agitan la educación”, cree que porque repita una y otra vez las coletillas “seamos sinceros” o “seamos serios” sus palabras pasan a ser sinceras o serias.

Lo que sucede es que los alumnos, resumen unos y otros, no quieren esforzarse, no quieren estudiar y quieren pasar de curso sin aprobar. Y sus padres, cómplices de esta pandilla de vagos, apoyan su reivindicación de la pereza y la insubordinación en un alarde de irresponsabilidad sin precedentes. Además, insisten una y otra vez los analistas, no hay dinero: si lo que queremos es salir de esta crisis debemos recortar también en educación.

lNo dicen los tertulianos ultras que combatiendo el fraude fiscal se podría recaudar cada año una cuantía cuatro veces superior a la cifra recortada en Educación desde 2008. Y no lo dicen por una sencilla razón: ellos son el resultado del fracaso escolar. Concretamente del fracaso escolar franquista. De ahí la oportunidad de la pancarta que encabeza la manifestación de estudiantes en la madrileña Puerta del Sol. Una proclama que puede parecer radical, pero que refleja a la perfección la mediocridad de un sistema educativo, intelectual, cultural y moral: “No a la educación franquista, Wertdimisión”.

No a la educación franquista significa no al modelo educativo neoliberal. Es decir, no a la educación de orientación doctrinaria, con contenidos religiosos y patrióticos. No a esa “emergencia educativa” a la que se refiere el obispo de San Sebastián cuando habla del aumento del ateísmo juvenil. No a la educación elitista (“Cuanto más caro es el colegio, más ladrones hay”, escribió Salinger), y sí a la escuela pública igualitaria y de calidad, inclusiva y no excluyente, que en lugar de elegir a los alumnos los integre y acoja. No a la segregación de los rezagados. No a la educación discriminatoria, esa que apoya a los colegios de enseñanza diferenciada, donde niños y niñas están separados. Esa educación que Pilar Primo de Rivera, fundadora de la Sección Femenina de la Falange Española, creía imprescindible porque “las mujeres nunca descubren nadales falta, desde luego, el talento creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer nada más que interpretar, mejor o peor, lo que los hombres nos dan hecho”.

Los alumnos están de huelga, con el apoyo de sus padres, porque no quieren ser ni evangelizados ni  españolizados. Y porque el presupuesto educativo para 2013 ha caído un 15,33%: cada vez tienen menos profesores, menos becas, más tasas universitarias, más alumnos por clase, menos ayudas para los libros de texto, menos actividades y excursiones… es decir, cada vez tienen menos futuro.

A los alumnos actuales no les gusta la reforma educativa del Partido Popular porque no quieren parecerse al actual ministro de Educación, que desde la soberbia solo es capaz de pedir “más implicación” a las familias. A esas familias ya tan implicadas y concienciadas como para apoyar a sus hijos en una huelga.

Categorías:IMPRESCINDIBLES

Padres en huelga

Enlace permanente de imagen incrustada

Muy bueno:

http://elpais.com/elpais/2012/10/18/opinion/1350589767_066774.html

Si hay algo que preocupa a la mayoría de los padres es poder ofrecer a sus hijos una educación de calidad que les prepare para enfrentarse a la vida cuando sean adultos. Los recortes aprobados en los presupuestos educativos —estimados en casi 6.000 millones entre 2010 y 2013— están haciendo mella en las aulas, y eso es algo que las familias acusan rápidamente. Hasta el punto de que los colegios públicos vivieron ayer una situación inédita en España: una huelga de padres en protesta por los recortes y en defensa de un sistema público de calidad.

Pese a los intentos del ministro de Educación, José Ignacio Wert, de argumentar que los recortes no afectan a la calidad de la enseñanza, los padres han visto que el curso comenzaba con menos profesores y más alumnos por clase, cómo desaparecían los profesores de refuerzo y cómo dejaban de cubrirse las bajas por enfermedad. Muchas familias han sufrido también los ajustes en sus propias economías al recortarse drásticamente las ayudas para libros de texto y otras necesidades. El propio ministerio ha reconocido que más de 500.000 alumnos dejarán de recibirlas este curso.

Las cifras globales del presupuesto indican claramente la dimensión del problema. El gasto público para este curso (50.448 millones de euros) es similar al que hubo en 2008, pero en las aulas hay 800.000 alumnos más que entonces. Y aunque el ministro pretenda que los recortes no aumentan la relación de alumnos por clase, sino que la “flexibiliza”, si hay más alumnos y menos profesores el concepto de flexibilidad solo puede ser en este caso al alza.

Los recortes en el sistema público de enseñanza coinciden además con dos fenómenos incipientes, pero significativos, con los que no se contaba y que son una consecuencia directa de la crisis: el retorno a los centros de formación profesional de muchos alumnos que en los años de euforia abandonaron los estudios para trabajar y ahora están en paro; y el trasvase paulatino hacia los centros públicos de alumnos de los centros privados y concertados cuyas familias no pueden seguir soportando, a causa de la crisis, los costes adicionales que se les exige en esos centros.

Este es el panorama que ha llevado a un notable número de padres —las cifras de participación, como es habitual, son dispares— a expresar su malestar dejando de llevar a sus hijos a la escuela. Y la respuesta del ministro ha sido menospreciar sus preocupaciones y tachar a esos padres de irresponsables. Las declaraciones del ministro se convierten con demasiada frecuencia en motivo de alarma. Primero fue displicente con los rectores de las universidades, que le respondieron con un plante; luego se enfrentó con los docentes y ahora acusa a estos padres de exagerar las consecuencias de los recortes y de perjudicar con la protesta a sus propios hijos. De un ministro de Educación se esperan mejores formas.

 

 

Categorías:Movilizaciones